Eco Diario de la Palabra
 

BENDITOS ABUELOS


La relación entre nietos y abuelos es muy especial para ambos. Qué enriquecedor es el intercambio intergeneracional: los pequeños enseñan a los mayores las novedades del mundo y estos transmiten sus valores y su historia vivida a los nietos. Es una oportunidad para que ambas generaciones ejerciten la paciencia, la ternura, la comprensión, la alegría, la fe, la generosidad, la esperanza… 

Cada 26 de julio se celebra en España el “Día de los Abuelos” coincidiendo con la festividad de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús. Es un buen momento para poner la atención sobre ellos y sobre cómo viven esta etapa de sus vidas. 

¡Benditos abuelos!, es la expresión que se escucha a menudo entre los padres y madres que tienen niños y niñas en edad escolar y tienen dificultades para combinar el trabajo con la atención de la familia. Los nietos son una fuente de satisfacción y de alegría para los abuelos pero su edad y sus achaques los obliga en muchos casos a hacer un sobre esfuerzo, reduciendo su tiempo de descanso y limitando también su necesario tiempo de cuidado personal y de ocio. Ellos, que ya sacaron adelante a su familia, vuelven a ser los principales cuidadores de los pequeños, especialmente en época de vacaciones. 

 

Los ancianos tienen una vocación particular. 

El Papa Francisco, dedicó en marzo de 2015 dos catequesis a resaltar la situación de los ancianos y destacar la vocación particular en esta etapa de la vida. 

Simeón y Ana, de quienes se habla en el Evangelio de la infancia de Jesús escrito por san Lucas, eran ciertamente ancianos, el «viejo» Simeón y la «profetisa» Ana que tenía 84 años. El Evangelio dice que esperaba la venida de Dios cada día, con gran fidelidad, desde hacía largos años. Esa larga espera continuaba ocupando toda su vida, no tenían compromisos más importantes que este: esperar al Señor y rezar. Y, cuando María y José llegaron al templo para cumplir las disposiciones de la Ley, Simeón y Ana se movieron por impulso, animados por el Espíritu Santo (cf. Lc 2, 27). El peso de la edad y de la espera desapareció en un momento. Ellos reconocieron al Niño, y descubrieron una nueva fuerza, para una nueva tarea: dar gracias y dar testimonio por este signo de Dios. Simeón improvisó un bellísimo himno de júbilo (cf. Lc 2, 29-32) —fue un poeta en ese momento— y Ana se convirtió en la primera predicadora de Jesús: «hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén» (Lc 2, 38). 

Necesitamos ancianos que recen porque la vejez se nos dio precisamente para esto. Podemos dar gracias al Señor por los beneficios recibidos y llenar el vacío de la ingratitud que lo rodea. Podemos interceder por las expectativas de las nuevas generaciones y dar dignidad a la memoria y a los sacrificios de las generaciones pasadas. Podemos recordar a los jóvenes ambiciosos que una vida sin amor es una vida árida. Podemos decir a los jóvenes miedosos que la angustia del futuro se puede vencer. Podemos enseñar a los jóvenes demasiado enamorados de sí mismos que hay más alegría en dar que en recibir. Los abuelos y las abuelas forman el «coro» permanente de un gran santuario espiritual, donde la oración de súplica y el canto de alabanza sostienen a la comunidad que trabaja y lucha en el campo de la vida. Las palabras de los abuelos tienen algo especial para los jóvenes. Y ellos lo saben 

¿Qué podemos hacer tú y yo, nosotros? 

Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar a tomar conciencia de la realidad en la que viven nuestros mayores y poder ir articulando espacios de relaciones que posibiliten una vida digna en la ancianidad y un mayor enriquecimiento entre las generaciones. 

  • Agradece 

Toma conciencia de lo que has recibido de tus abuelos, sus cuidados y atenciones, su herencia de vida… Busca la forma de que ellos sientan tu gratitud. Ten paciencia con ellos, como ellos la tuvieron contigo 

  • Sirve 

Hay pequeños gestos de servicio que son obras grandes de amor: escucharles con afecto, acompañarlos, resolver sus dudas “tecnológicas”, asistirles en la debilidad y enfermedad… lo mismo que ellos hicieron contigo cuando eras pequeño. No los abandones. 

  • Emprende 

Cada vez son más frecuentes las iniciativas de encuentro intergeneracional, como la que se da entre una residencia de ancianos y un centro escolar para recuperar la tradición de la costura y ayudar a jóvenes y mayores a aprender los unos de los otros y desarrollar actitudes positivas ante la vida. 

  • Ora 

Da gracias a Dios cada día por el don que recibimos de nuestros mayores y pídele que nos ayude a promover una sociedad del encuentro y la acogida. 

 

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