Eco Diario de la Palabra
 

¡BENDICE! PARA QUE A OTROS LES VAYA BIEN. Por Consuelo Ferrús.


PARA QUE A OTROS LES VAYA BIEN: ¡BENDICE! 

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No es la primera vez que como pista sugiero la bendición, pues es algo que yo misma valoro mucho y me hace bien vivir en esa clave.

Me parece sugerente que la liturgia de la Iglesia comience el año civil regalándonos una bendición

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EL Señor habló a Moisés: 
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel: 
“El Señor te bendiga y te proteja,  
ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. 
El Señor te muestre tu rostro y te conceda la paz”. 
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré». 

(Números 6, 22-27) 

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Es una ayuda para empezar el año con buen pie, con confianza, sabiendo que Alguien está ya desde el principio (no solo del año, sino de tu propia vida) bendiciéndote, diciendo-bien de ti. Somos bien-decidos para ser bendecidores, y es evidente que eso ayuda a que a esa otra persona a quien bendecimos le vayan bien las cosas. Puedes saber por experiencia el daño que hace percibir que hay personas a quienes les caes mal, te envidian, te odian incluso… es como ir quitándote vida, a veces hasta físicamente. Por el contrario, bendecir es dar vida.

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La bendición nos sale espontáneamente con aquellos a los que amamos, aquellos que nos admiran y nos ven con buenos ojos. Pero eso puede hacerlo todo el mundo. Jesús nos pide ir más allá, más adentro de ti mismo, de ti misma para sacar de ti una bendición continua y convertir la bendición en un estilo de vida. Como Jesús que pasó por el mundo haciendo el bien (Hc 10, 38), es decir bien-haciendo, porque a la vez, bien-pensaba, bien-decía. Amaba no solo de palabra, sino con hechos (1Jn 3, 18)

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Rom 12, 14: bendecid a los que os persiguen. Bendecid sí, no maldigáis. 

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Lc 6, 28 (cf Mt 5, 44): bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os injurian y persiguen. 

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En el intento y la práctica de bendecir a todos, y especialmente a tus “enemigos” estás espantando dentro de ti el diablillo interno que te entretiene regodeándote en el mal que te hacen algunos y el que automáticamente les deseas a ellos. Bendecir es una manera de perdonar y encontrar la paz.

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Como pista para orar bendiciendo puedes realizar lo siguiente:

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Trae a tu memoria y a tu corazón las personas que quieres bendecir. Bendecir es dar gracias por las personas que quieres y orar por aquellas que deberías amar más.

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Recita sobre cada una de esas personas una bendición con tus propias palabras. ¿Qué deseas para esa persona? Es Dios quien antes que tú ya la ha bendecido y lo seguirá haciendo.

Si piensas en alguien que te ha hecho daño y te corroe el rencor, la rabia, deja que la bendición y la oración hagan su efecto en ella y en ti. Pronuncia sobre esa persona una oración de bendición, aunque no la sientas. Poco a poco irá surtiendo efecto. “Yo te bendigo…… te perdono, te deseo todo bien. Que algún día podamos ser amigos, mirarnos a los ojos sin rencor…”. Todo irá mejor para los dos si media el perdón y la reconciliación, la bendición.

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Puedes bendecir en tu actividad cotidiana, simplemente pronunciando una bendición interna ante cada persona con quien te cruces en la calle, en tu trabajo, en la tienda, en tu familia… convierte la bendición en una forma de vida. Todo irá mejor.

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