Eco Diario de la Palabra
 

Alegría habitada


Paseo por tu jardín, a la hora en que sopla la brisa.
Huele a pan, a marisma y a cera.
Desnudo, desanudado, desdibujado mi nombre en tu orilla.

No más temor
Sólo temblor,
por despertar preñado de ti.

Y dices: sé yo.
Y soy tú.
Y ves que es bueno.

Descanso bendecido en el milagro.
Ya estoy en casa.