Eco Diario de la Palabra
 

Al ritmo de las horas. Oración


ORAR AL RITMO DE LAS HORAS (THOMAS MERTON)

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Tiene que haber un momento del día

en que el hombre que hace planes

olvide sus planes y actúe como si no tuviera plan alguno.

Tiene que haber un momento del día

en que el hombre que tiene que hablar guarde silencio,

deje de dar forma a teorías en su mente

y se pregunte a sí mismo: ¿Acaso tienen algún sentido?

Tiene que haber un momento en que el hombre de oración

acuda a orar como si fuera la primera vez en su vida que lo hace;

en que el hombre que toma decisiones deje de lado éstas,

como si todas ellas hubieran perdido su validez,

y aprenda una sabiduría diferente:

distinguir el sol de la luna,

las estrellas de la oscuridad,

el mar del árido desierto,

y el cielo nocturno del perfil de una montaña

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SALMO del AMANECER

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amancer

El Señor Dios está presente donde brilla el nuevo día

en la humedad de la hierba que está brotando.

El Señor Dios está presente

donde las florecillas silvestres son conocidas tan sólo por Él.

El Señor Dios pasa de improviso, en el viento,

cuando la noche desciende sobre la tierra.

Él, que es infinitamente grande,

ha concedido a sus hijos una participación en Su propia inocencia.

Sólo Suyo es el más dulce de los amores,

cuya llama pura respeta todas las cosas.

Dios, al que pertenecen todas las cosas,

las deja por completo a sí mismas.

Nunca las toma para Sí mismo,

como hacemos nosotros, para destruirlas.

Las deja donde están.

Nunca deja de darles todo cuanto son, sin pedir que se lo agradezcan;

pero ellas tienen que recibirlo todo de Él,

y ser amadas y alimentadas por Él, y crecerán y se multiplicarán,

y de este modo habrán de ensalzarle.

Él vio que todas las cosas eran buenas, pero no disfrutó de ellas.

Vio que todas las cosas eran hermosas, pero no las quiso para Sí.

Su amor no es como el nuestro. Su amor no es posesivo

Su amor es puro porque no necesita nada.

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A LA TARDE

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atardecerSeñor y Dios mío, no tengo ni idea de adónde voy.

No veo el camino ante mí. No puedo saber con certeza dónde terminará.

Tampoco me conozco realmente a mí mismo, y el hecho de pensar que estoy cumpliendo tu voluntad no significa que la esté cumpliendo realmente.

Pero creo que el deseo de agradarte, de hecho, te agrada.

Y espero tener ese deseo en todo cuanto hago. Espero no hacer nunca nada que se aparte de ese deseo. Y sé que, si lo hago así, Tú me llevarás por el camino recto, aún cuando puede que yo no lo sepa.

Por eso confiaré siempre en ti, aunque parezca estar perdido y en las sombras de muerte.

No he de temer, pues Tú estás siempre conmigo y jamás vas a dejarme solo frente al peligro.

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SALMO NOCTURNO

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anochecerSeñor, recibe mi oración, dulce como humo de incienso

que sube de mi corazón lleno de preocupaciones.

Alzo mis manos en sacrificio vespertino. Señor, recibe mi oración.

Encuentro al hombre en mi camino.

Cuando empieza a maldecir y me amenaza, Señor, guarda mis labios.

No responderé. Guía mis pasos en la noche mientras sigo mi camino.

Quizá pertenezca a algún otro Señor que no es tan sabio y bueno.

Escucha mi oración. Confiaré en ti.

Si ponen sus trampas en mi camino, si me apuntan con sus pistolas,

Tú guiarás mis pasos, yo seguiré adelante.

En la oscuridad, ellos nunca verán.

Señor, a ti levanto abiertos y brillantes ojos llenos de fe en la noche.

TU eres mi protección, tráeme a casa.

Y recibe mi oración, dulce como humo de incienso

que sube de mi corazón lleno de preocupaciones.

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