JUAN CARLOS MARTOS, claretiano, 52 años cumplidos.

Nacido en Jaén (España). Vivo en Roma, aunque me muevo por toda Europa y América (las dos).

Me dedico a la animación vocacional de la Congregación, a la Fragua y al servicio de diversas congregaciones en pastoral vocacional.

 

1.

No puedo poner nombre certero a algo que me excede tanto. Siento a Dios como presencia amorosa permanente, fuente de misericordia –más cariñoso conmigo que yo mismo-, me cuida y me sostiene, llena mis soledades y me da buen humor; siempre está, es muy fiel aunque no le vea, a veces me asusta y estremece, pero las más,  me hace entrar en el territorio del consuelo, de la intimidad, de la ternura,  de la paz,… mucha paz. Lo que más bien me hace es iluminar oscuridades, dar sentido a lo absurdo, amar a lo detestable, buscar sin descanso que todo, absolutamente todo, tiene remedio y compostura.

 

2.

Donde más Le veo y experimento es, sin lugar a dudas, en la Iglesia, en sus miembros más eminentes y santos y también en los sencillos, humildes y creyentes. Está vivo porque el contacto con ellos me “da calambre”… ellos me enseñan a escuchar, a acoger y entender la Palabra, a comulgar, a dar la vida, a vivir con esperanza, a reconciliarme con las sombras oscuras que amenazan la fe, a sentir el perdón…


3.

No fue una experiencia singular llamativa y extraordinaria, sino una atmósfera vivida en casa, en mis ambientes,…  Casi sin pensarlo se me iba manifestando como evidente que aquella forma claretiana de vivir, que veía en algunos hombres muy sencillos y cariñosos, me atraía y llenaba mi corazón… y a medida que iba probando vivir como ellos experimentaba un raro sabor dulce: estaba en mi sitio y no envidiaba nada ni a nadie.

 

4.

Pues a veces yo mismo me pregunto si mi vida resolverá algo de este complejo mundo. Aparte de ayudar a unos cuantos que se cruzan mi camino, me consuela saber que mi secreto es estar con  Jesús el Señor. Mi entrega es a Él… y aunque a veces no lo entienda bien, aunque palpe muchos fracasos, aunque me pesen las cobardías y me duelan tanto las contradicciones,… El lleva las riendas y se encamina hacia delante.

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