Eco Diario de la Palabra
 

YO SOY TU BUEN PASTOR

Yo soy tu buen Pastor: ¿qué te puede faltar?  

En verdes praderas te hago recostar, 

allí donde puedes vivir con calma 

aunque sigas teniendo cansancios y agobios 

porque conmigo todo es más llevadero y suave. 

 

Te conduzco hacia fuentes tranquilas donde reparo tus fuerzas. 

Hago brotar en tu corazón esa fuente que soy Yo mismo 

Y que, si tú quieres, no te dejará vivir seco y paralizado. 

 

Yo soy tu buen Pastor: ¿qué te puede faltar?  

Te guío por el sendero justo por honor a mi nombre, 

¿pues si Dios no te cuida en la vida, quién lo hará? 

Aunque camines por cañadas oscuras, 

te encuentres enredado en asuntos poco claros 

o en situaciones dolorosas,  

nada temas, te lo repito, ¡yo voy contigo! 

mi vara y mi cayado te sosiegan. 

 

Yo soy tu buen Pastor: ¿qué te puede faltar?  

Te preparo una mesa frente a tus enemigos,  

Frente a los que murmuran contra ti, 

Y frente a quienes te envidian o te quieren mal. 

Pero sobre frente a tus mayores enemigos:  

tu soberbia, tu tristeza, tu desesperanza… 

 

Y en la mesa contigo, te ungiré la cabeza con perfume, como un rey; 

Para que nunca olvides lo valioso que eres, 

la preciosa vocación a la que eres llamado desde siempre 

y así rebose tu copa de alegría,  

llena siempre de esperanza, de fe y de amor.  

 

Yo soy tu buen Pastor: ¿qué te puede faltar?  

No tengas miedo: mi bondad y lealtad te acompañarán siempre. 

Todos los días, hasta el fin del mundo.  

Habitarás en mi casa para siempre porque Yo habito en ti, si tú quieres. 

Yo soy tu casa, tu pan y tu sal, si tú quieres. 

Tú eres mi casa, mi pan y mi sal, si tú quieres. 

Junto al Padre y al Espíritu, haremos morada en ti 

Seguiré dando por ti mi vida y seguiré invitándote a que tú la des 

sin medida, con toda la pasión que tu corazón sea capaz de amar y desear. 

ME VOY A PONER MORADO · Miércoles de Ceniza 14 febrero

Pues sí: me voy a poner morado… bueno, morada… bueno, las dos cosas. Me voy a poner hasta arriba porque voy a entrar a saco, porque se me van a quedar cortos los refranes para expresar todo lo que quiero esta Cuaresma.

  • Me voy a poner morado… de Cuaresma. No es un mal color. ¡De la cabeza a los pies! Y sobre todo el corazón, por aquello de no rasgar las vestiduras sino los corazones (Joel 2,12-18)
  • Me voy a poner hasta arriba… porque no quiero dejar nada fuera, no quiero que sea un tiempo superficial, una conversión de escaparate, de rutina. De esas cuaresmas en las que al final no cambia nada de nada porque en el fondo no nos sale del alma gritar que hemos pecado y necesitamos un poquito de misericordia (Salmo 50)
  • Y voy a entrar a saco… porque no quiero echar en saco roto tanta gracia, tantas oportunidades, tanto bien recibido (2 Corintios 5,20–6,2)

Si te apetece el plan, estás invitado. Nos vamos a poner morados… morados de Cuaresma. Y este año vamos a pedir al refranero popular que nos ayude. Cada domingo de Cuaresma un refrán nos hará pensar, rezar, revolvernos, preguntarnos y … ojalá… ¡también gozar! Porque esto de convertirse, cuando va bien, es una fiesta y tiene más de danza que de luto.

Si hoy vas a dejar que marquen tu frente con ceniza, recuerda esto: nos vamos a poner morados. Nos encanta. Y, además, lo necesitamos:

  • Morado justicia, de esa verdadera que se pone en práctica y no necesita anunciarse a los cuatro vientos.
  • Morado oración, bien regado todo el día y todos los días, que cuando esto falta, nada de lo que comes te alimenta.
  • Morado ayuno, ese que se disfruta sólo si nace de la libertad y la mesura. Que un poquito de abnegación y de no estar mi “yo” de primer plato y de postre, siempre ayuda. Pruébalo y verás.

¿Te animas, entonces? Yo que tú lo probaría. Nos vamos a poner morados.

LA HIJA DE LA CRIADA

Me gustan las historias de vida y superación. Me gustan las historias donde el amor sana el dolor y las dificultades, y la sudafricana Barbara Mutch nos trae una de esas novelas que dejan un buen sabor y nos adentra en el pasado del Apartheid, una realidad social que muchos de nuestros jóvenes ignoran y ni siquiera imaginan. Vivimos en nuestra burbuja de bienestar occidental que la mayoría de las veces nos insensibiliza ante las graves necesidades que suceden en nuestro mundo. 

La hija de la criada es una historia de amor, sin lugar a dudas, entre la señora Cathleen y su criada Ada, una mujer inteligente, sensible y luchadora, pero con un defecto grave a comienzos del siglo XX en Sudáfrica: ser negra. Y ser negra no era poco, era ser una semi esclava, una segregada de la cultura y la civilización, con la certeza de que su vida sería dura e injusta. Sin embargo, la relación maternal con su ama le salvará su vida, aunque nunca podrá evitarle el sufrimiento. 

Ada, a quien Cathleen le enseña a tocar el piano, luchará con todos sus medios para que su música suavice aquel mundo racista. La autora aprovecha la novela para contarnos los comienzos de esa lucha legítima y justa que años después enarbolará Nelson Mandela, aunque la protagonista lo haga de una forma abnegada y silenciosa, pero siempre buscando un futuro mejor. 

Y al terminar la historia, al mirar hacia atrás en la vida, queda esa sensación de que hay hilos invisibles que nos unen a quienes queremos y que el amor acaba salvándonos de todo lo injusto y abriendo puertas a la esperanza. 

 

Vivir la vida. Oración

Vivir la vida 

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Yo, naturalmente, no sé bien qué es la vida, pero me he determinado a vivirla.

De esa vida que se me ha dado, no quiero perderme nada:

no sólo no me opongo a que se me prive de las grandes experiencias,

sino también y sobre todo de las más pequeñas.

Quiero aprender cuanto pueda, quiero probar el sabor de lo que se me ofrezca.

No estoy dispuesto a cortarme las alas ni a que nadie me las corte.

Tengo más de cuarenta años y sigo pensando en volar

por cuantos cielos se me presenten,

surcar cuantos mares tenga ocasión de conocer

 y procrear en todos los nidos que quieran acogerme.

Deseo tener hijos, plantar árboles, escribir libros.

Deseo escalar las montañas y bucear en los océanos.

Oler las flores, amar a las mujeres, jugar con los niños, acariciar a los animales.

Estoy dispuesto a que la lluvia me moje y a que la brisa me acaricie,

a tener frío en invierno y calor en verano.

He aprendido que es bueno dar la mano a los ancianos,

mirar a los ojos de los moribundos, escuchar música y leer historias.

Apuesto por conversar con mis semejantes,

por recitar oraciones, por celebrar rituales.

Me levantaré por la mañana y me acostaré por la noche,

me pondré bajo los rayos del sol, admiraré las estrellas,

miraré la luna y me dejaré mirar por ella.

Quiero construir casas y partir hacia tierras extranjeras,

hablar lenguas, atravesar desiertos, recorrer senderos,

oler las flores y morder la fruta.

Hacer amigos.

Enterrar a los muertos.

Acunar a los recién nacidos.

Quisiera conocer a cuantos maestros puedan enseñarme

y ser maestro yo mismo.

Trabajar en escuelas y hospitales en universidades, en talleres…

Y perderme en los bosques, y correr por las playas,

y mirar el horizonte desde los acantilados.

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En la meditación escucho que no debo privarme de nada, puesto que todo es bueno. La vida es un viaje espléndido, y para vivirla solo hay una cosa que debe evitarse: el miedo (…)

Se puede vivir sin pelear contra la vida.

¿Por qué ir en contra de la vida si se puede ir a su favor?

¿Por qué plantear la vida como un acto de combate en lugar de como un acto de amor?

CON MARÍA, TODO VA BIEN. por Consuelo Ferrús

TODO VA MEJOR CUANDO ESTÁ MARÍA 

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Para este mes propongo una pista de oración mariana. Ella no puede faltar en la vida de cualquier persona para que las cosas vayan bien como todos queremos.

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Una vez leí un comentario al texto de las Bodas de Caná que me dejó buena huella. El texto es Jn 2, 1-11. 

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Al tercer día se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la madre de Jesús. También Jesús y sus discípulos estaban invitados a la boda. Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dice: —No tienen vino. Le responde Jesús: —¿Qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora. La madre dice a los que servían: —Haced lo que os diga. Había allí seis tinajas de piedra para las abluciones de los judíos, con una capacidad de setenta a cien litros cada una. Jesús les dice: —Llenad de agua las tinajas. Las llenaron hasta el borde. Les dice: —Ahora sacad un poco y llevádselo al maestresala. Se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde procedía, aunque los sirvientes que habían sacado el agua lo sabían, se dirige al novio y le dice: —Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor. Tú, en cambio, has guardado hasta ahora el vino mejor. En Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal, manifestó su gloria y creyeron en él los discípulos. 

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Ya es significativo que Juan presente los comienzos de la vida pública de Jesús asistiendo con sus discípulos a una boda, en la que también está María como invitada. Sabemos que el relato tiene una intención teológica y por eso interesa ofrecerla como pista de oración. Es un relato que refuerza la fe y la confianza de los discípulos, gracias a la mediación e intervención de María.

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Hay un cruce de miradas y palabras muy interesantes para nuestra vida:

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María mira a los novios, ve que se les acaba el vino y mira a Jesús: NO TIENEN VINO. María atenta a nuestras necesidades. Siempre. Nada se le escapa. María sigue mirando allí donde se le da entrada en la casa, en la familia, en la propia vida. Las cosas nos irían mejor con María en nuestra casa.

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  • ¿Cómo de presente está María en tu vida? 

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María mira a los sirvientes: no hace demasiado caso a lo que parece una negativa de Jesús, o discrepancia de intereses, confía en Él y por eso dice a los sirvientes: HACED LO QUE ÉL OS DIGA y ante la actitud obediencial de estos siervos Jesús no puede negarse.

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María sabe muy bien cuál es su lugar. No es Dios, por eso remite a su Hijo. Mucha gente hoy no sabe decir apenas nada de lo que Jesús dice, o lo dice vaga, difusa y confusamente… Conocer lo que Jesús dice es una buena decisión. Escucha el consejo de María, haz lo que Jesús te diga. Cuando tengas dudas de por dónde ir, pregunta a Jesús, y obedece. No te equivocarás.

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  • ¿sabes tú lo que Jesús dice? ¿qué palabra o palabras suyas te vienen espontáneamente a la mente y al corazón? ¿Quieres conocer más? 

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María te mira a ti. Te conoce bien, como madre que es. Y presenta tus necesidades a Jesús. Pero te implica en el remedio a tus problemas y necesidades: haz lo que Jesús te diga, con total confianza.

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Hay muchas maneras de orar con María: meditar con sus palabras, con los textos que se refieren a ella en el NT, rezar alguna oración vocal, acudir a un santuario… haz lo que te guste, pero ten presente a María en tu vida. Es la última sugerencia que hizo Jesús desde la cruz: Ahí tienes a tu madre. Acógela como hizo Juan, en tu casa, entre tus cosas más queridas.

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Consuelo Ferrús,rmi

@consuelormi

ORAR CON EL CRISTO DE LA SONRISA. por Consuelo Ferrús

ORAR CON EL CRISTO DE LA SONRISA

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Proponemos en esta pista un ejercicio de contemplación. La del Cristo del Castillo de Javier, que nos lleva al acontecimiento pascual de Cristo muerto y resucitado, el centro de nuestra fe.

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El Cristo de Javier es un Cristo humano, con un cuerpo bonito, armonioso, digno. No es un Cristo de esos cargados de sangre, dramático y doliente. Guarda las huellas de la muerte, sobre todo esa herida en el pecho, directa al corazón, pero está vivo, porque sonríe y sus ojos están discretamente abiertos.

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Podríamos decir que es un Cristo joánico: un Cristo sereno y victorioso asentado en la cruz como en un trono de gloria. Su contemplación da paz y alegre serenidad. Es famoso por su sonrisa, con lo que parece que puede ilustrar bien el lema de que todo va bien… ¿incluso sobre una cruz?

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CRISTO-SONRISA-2El Cristo de Javier acoge y sonríe especialmente al que se acerca desde abajo a contemplarlo, lo cual ya es una invitación a la pequeñez, a situarnos como Él al comienzo de su pasión: a los pies de sus amigos, amando hasta el extremo. El Cristo de Javier sonriendo, en su serena  majestad parece decirnos el secreto de la vida pascual: el amor es más fuerte que la muerte. La alegría brota de la entrega, no en vano la contemplación de este cristo debió marcar la infancia de un gran misionero, S. Francisco Javier.

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La alegría brota de la certeza de que al final todo acaba bien, porque la última palabra la tiene el Dios de la vida, que no podía permitir que se perdiera la vida del ser humano que más amó, haciéndose obediente hasta la muerte y  muerte de cruz. Por eso, levantado en la cruz atrae a todos hacia sí (Jn 12, 32)

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  • Contempla la imagen entera en primer lugar. Fíjate en los detalles: la postura, las venas, la llaga… ¿Qué sentimientos provoca en ti?

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  • Enfoca tu atención en la cara, lo más llamativo de esta imagen. Contémplalo, como si estuvieras presente ante él, desde abajo y por el lado derecho de la imagen, desde donde más se percibe el semblante sonriente. Contempla en silencio. Es impresionante. Luego dialoga con tu Cristo: ¿por qué sonríes? ¿dónde está el secreto de tu alegría, de tu confianza? Deja que te responda con calma. VIVE LA PASCUA desde esas claves.

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Consuelo Ferrús,rmi

@consuelormi

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PONEOS EN PIE. Oración. Por Rosa Ruiz

PONEOS EN PIE, VOLVEOS A MÍ PARA SALVAROS. 

¿Quién os ha dicho que os quiero encorvados,

          agachados, encogidos?

¿De dónde sacáis que os quiero envueltos en lloros,

          golpes de pecho y sufrimientos artificiales?

¿Acaso no veis que el dolor es tan natural como la vida?

¿Acaso no habéis experimentado que las dificultades

          forman parte del camino

          y no hay que buscarlas ni construirlas de la nada?

PONEOS EN PIE, VOLVEOS A MÍ PARA SALVAROS.

¿Cómo podré convenceros de que mi corazón os quiere libres?

¿Cómo contaros que para volver a Mí

          siempre tendréis que estar vueltos hacia los demás

          y hacia la vida que bulle a vuestro alrededor?

PONEOS EN PIE, VOLVEOS A MÍ PARA SALVAROS.

Y, por favor, cuando retoméis el camino y

          volváis a Mí -conversión que lo llamas-,

          no olvidéis sonreír

          y bailar

          y gozar -también en el dolor del pecado y del error y del fracaso-

          y confiar a corazón abierto.

Ayuna con el agradecimiento

          de quien puede elegir no comer porque podría hacerlo.

Da limosna con la humildad

          de quien sabe que él es otro pobre indigente de tantos otros

Ora con la sencillez

           de quien ama y se sabe amado:

           el hijo con su madre,

           el amigo con su amigo,

            el esposo con la esposa.

Y, entonces, verás cómo sin apenas intentarlo, vives en pie, vuelto a Mí y a la vida.

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Rosa Ruiz,Claretiana

@rosaruizarmi

ORACIÓN REPARADORA. Por Consuelo Ferrús.

ORACIÓN REPARADORA 

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Marzo va a coincidir con la CUARESMA. Se nos va a proponer desde muchos ámbitos un cierto clima, actividades, un camino a recorrer.

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Desde esta sección, y de nuevo en relación con el lema yo me preguntaba ¿Y si no todo va bien en mi vida? Por ejemplo, que no vaya bien porque hay una relación personal indigestada, alguien con quien estoy enfadada, disgustada, alguien a quien yo he hecho mal y algo me recome por dentro… no me siento tranquila, en paz. O un sentimiento de incomprensión, de haber sido injustos conmigo, sentimiento de rechazo hacia mí que me hunde, me lastima. Este es el tiempo de la misericordia, primero con una misma, y por eso también con los demás. Es el tiempo de reparar, de rehacer, de empezar de nuevo. ¿cómo podremos hacerlo?

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  1. Sitúate de pie, con las piernas ligeramente entreabiertas, a la altura de los hombros, bien enraizado en la tierra. Los brazos también abiertos, muy abiertos, estirados, en actitud de total receptividad a Dios, al universo. Como los brazos de Jesús abiertos siempre en la cruz…

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Cierra los ojos y respira profundamente, cogiendo aire desde tus entrañas. Imagina, siente que te llueve el amor misericordioso del Dios Padre Bueno, un gran abrazo que te acoge como el Padre de la parábola. Recibes Amor.

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Siente que se derrama sobre ti el perdón de Dios. Al expulsar el aire puedes cerrar lentamente los brazos sobre tu pecho y gozarte recibiendo ese perdón, ese amor tan grande del Padre Dios. Te das el amor de Dios. Si eres así perdonado, si así te empapa el amor de Dios, ¿cómo no perdonarte tú a ti mismo el mal que hayas podido hacer? Es de lo más difícil, perdonar el mal que hemos hecho, pero no imposible para Dios. Repite el ejercicio hasta que vayas sintiendo paz.

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  1. Otra variante de este ejercicio de oración puede ser el mismo pero ahora tomando conciencia y poniendo nombre a personas que te han hecho daño, que les debes tu perdón, aunque no te lo hayan pedido. Ese perdón lo necesitas tú.

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Sitúate en la misma postura de inicio. Coge aire desde las entrañas, inspira, recibe el amor y el perdón que nos vienen de Dios.

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Al expirar el aire extiende tus brazos hacia delante, con las palmas mirando hacia arriba, imaginando y pensando en las personas a quienes quieres perdonar y envíales el perdón que recibes de Dios. Puedes nombrarlas en alto si quieres y ofrecerles tu perdón.

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Es un ejercicio sanador y reparador.

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SEÑOR DEL TIEMPO Y DE LA VIDA. Oración

 

SEÑOR DEL TIEMPO Y DE LA VIDA 

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Él envía el rayo y él va, lo llama y le obedece temblando; a los astros, que brillan gozosos en sus puestos de guardia, los llama y responden: ¡Presentes!, y brillan gozosos para su Creador

(Bar 3,33-35) 

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Así eres Tú, Señor del tiempo y de la vida:

Tú, que llenas de ritmo y compás cada cosa

          Cada latido

Tú que conoces mis tiempos y mis pausas

          Mis idas y venidas

          Mis aciertos y atropellos

          Mi música y mi silencio.

Acompásame, Señor, contigo

          Que respire con tu aliento

          Que camine con tus pasos

          Que mire con tus ojos

          Que responda con tu voz

          Que escuche con tu amor

          Que ame con tu libertad

Y mi corazón, pobre y gastado,

se llene de Espíritu

soplando agradecido:

Tú, mi ritmo.

Tú, mi compás.

Tú, mi silencio.

Tú, primer y último latido.

Tú, Señor de mi tiempo y de mi vida.