Eco Diario de la Palabra
 

OCHI CHORNIE

Ochi chornie[1]

 

No se me quitan de la cabeza. Desde que salí esta mañana de la nevada Mülhberg hacia mi casa, no hago otra cosa que recordar sus ojos. Oscuros, inmensos. Como un mar sin luna. Nos veía y no nos veía. Su mirada nos traspasaba, como si fuéramos transparentes,  y en su fugaz paso, nos hendía como una flecha con otro rumbo. Su oído sólo escuchaba sonidos ininteligibles. Sin embargo, sus jóvenes labios sonreían. Todo el rato. No era una risa abierta, de quien se sabe en casa. Era una sonrisa dolorosa, esforzadamente agradecida, inquieta. Omnisciente de su pasado, presente, ¿de su futuro? Acostumbrada a estar en guardia ante un posible nuevo golpe, rápido y brutal de la vida.

Iraquí. Refugiada. Mujer. Tan hermosa como una princesa sumeria. Rozando la veintena. Podría ser mi hija…  Sin hogar, sin niñez, sin juventud, sin familia salvo su hermano menor que la acompañaba. Con una obscenamente temprana experiencia de éxodo. Dos hermanos, cogidos de la mano, recorriendo Europa, huyendo de la oscuridad, hacia ninguna parte…

Estuvimos un rato con ella, su hermano y un tercer chico que ya sabía hablar algo de alemán y nos contó a todos sus historias. No sé adónde llegaba su mirada. No podía soportar el dolor que me infringía, pero tampoco podía dejar de mirarla, atrapado por su corta y larguísima vida.

Con pudor, me atreví a preguntarles a los tres a través de un complicado camino español-inglés-alemán, cuál era su sueño. El muchacho tradujo la pregunta al kurdo para los hermanos. Al escuchar sonidos familiares, salieron de su ensimismamiento cortés y hablaron ambos. El muchacho tradujo al alemán. No conozco el idioma, pero entendí perfectamente: ser otro más, ser chicos normales, tener una vida como la de todos…

Hace unos meses me borré de una de tantas listas de whastapp. Era de mi promoción del colegio y me gustaba conservar el contacto con aquellos con los que compartí la infancia. Pero saltó un mensaje cruel e injusto sobre los refugiados. “…No saben lo que hacen”, recordé. Pero no podía soportarlo y en un gesto quizás precipitado me salí del aquel grupo. Mi pillaba en un momento de “information overload” y mi espíritu reclamaba -reclama- un poco de silencio exterior e interior.

Anoche, sintiéndome traspasado por la mirada de aquella muchacha, recordé aquellos compañeros y me pregunté cómo se sentirían si a ellos también les hubieran mirado la noche. Yo no puedo dejar de recordarla…

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[1] “Ojos negros” es el título de una película soviético-italiana estrenada en 1987. Fue filmada por Nikita Mikhalkov basándose en varios relatos cortos de Antón Chéjov, incluyendo el famoso cuento de “La dama del perrito”, una historia de amores frustrados e ilusiones perdidas.