Eco Diario de la Palabra
 

ESCURRIR EL BULTO… ENTRE TODOS

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“Entre todos” es el nombre que el Ministerio de Agricultura de España ha dado a la pestaña, que en su web intentaba convencer a los ciudadanos, para que realizáramos aportaciones en un tema tan importante como es el cambio climático. En concreto, se trata de la consulta pública a la que se ha sometido la Ley de cambio climático y transición energética. Es una ley, dentro del marco de los acuerdos de París, que a groso modo, pretende crear un sistema energético competitivo, revertir el cambio climático y hacerlo compatible con una energía asequible para todos. ¡Casi nada! 

En la propia web anuncian que las aportaciones recibidas son 350 tras casi tres meses de plazo para realizarlas. 

 

JUZGAR

He querido recurrir al tema de la participación ciudadana ante una ley que afecta al compromiso con la casa común, con la pobreza energética y en definitiva con temas de justicia social para poner el punto de mira en el compromiso que tenemos todos con estos temas.  

No sé si seremos capaces de revertir el cambio climático, ni siquiera si las medidas de transición energética son suficientes o si algún día conseguiremos que la energía sea asequible para todos. Me temo que, mientras no seamos capaces de darnos cuenta de la raíz del problema, “echaremos balones fuera”. Quizás pensaremos que este, como otros problemas, lo desencadenan los intereses económicos de las empresas, las políticas de los distintos países…  

Sin duda, todos estos actores afectan y mucho, pero ¿no estaremos escurriendo el bulto? 

 

ACTUAR

Sin olvidar llevar a cabo las pequeñas o grandes acciones cotidianas que nos permiten mejorar la vida de los demás, ASUMAMOS EL COMPROMISO DE CONVERTIRNOS día a día e intentar transformar el mundo acudiendo a la raíz o causa del problema. 

Juan Pablo II en la Carta Encíclica Redemptor hominis, 1979, n 16 nos recordó 

No se avanzará en este camino difícil de las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida económica, si no se realiza una verdadera conversión de las mentalidades y de los corazones. La tarea requiere el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres y solidarios. 

¡Aprovechemos este tiempo de conversión! 

 

 

¡ESTO ES COMIDA, NO BASURA!

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Cuando queremos celebrar algo: un cumpleaños, la celebración de la Navidad, nuestro fin de carrera, la victoria de nuestro equipo… organizamos una comida. El compartir la mesa siempre ha significado un momento de celebración, alegría y fiesta. ¿Pero qué pasa cuando terminamos de comer? Revisemos por ejemplo, las últimas fiestas de Navidad y Fin de año ¿Compramos cantidades apropiadas al número de comensales? ¿Tuvimos la sensación de haber comido más de lo necesario? ¿Qué hicimos con las sobras y con los restos que quedaron en los platos? ¿Tiramos comida a la basura?

Según el Informe del consumo de alimentación en España en 2016, realizado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, durante el periodo comprendido entre octubre de 2015 y septiembre de 2016, los hogares españoles tiraron a la basura 1.245,9 millones de kilos de alimentos en condiciones de ser consumidos (unos 24 millones de kilos semanales). De ellos, un total de 1.066 millones (85,6% del total) corresponden a productos sin elaborar desperdiciados tal como se compraron, y 179,8 millones (14,4%) son de recetas cocinadas por el propio hogar y desechadas directamente desde el plato o después de un tiempo guardadas en la nevera.

Es una cantidad muy considerable, aunque constata la concienciación de las familias en la lucha contra el desperdicio alimentario, ya que esta cifra supone una reducción del 6 por ciento con respecto al período anterior: se tiraron a la basura 80,1 millones de kilos menos.

La Comisión Europea estima que cada año se desaprovechan en el mundo, más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir, un tercio de la producción mundial, de los que 89 millones de toneladas de comida en buen estado corresponden a la Unión Europea.

Juzgar

El Papa Francisco, en junio de 2013, con motivo de la Jornada Mundial del Medioambiente, nos invitaba a recordar el relato del milagro de los panes y los peces: “Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: «Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos» (Lc 9, 17). Jesús pide a los discípulos que nada se pierda: ¡nada de descartar! Y está este hecho de los doce cestos: ¿por qué doce? ¿Qué significa? Doce es el número de las tribus de Israel; representa simbólicamente a todo el pueblo. Y esto nos dice que cuando el alimento se comparte de modo equitativo, con solidaridad, nadie carece de lo necesario, cada comunidad puede ir al encuentro de las necesidades de los más pobres.

 La «cultura del descarte» tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos, (…) nos ha hecho insensibles también al derroche y al desperdicio de alimentos, cosa aún más deplorable cuando en cualquier lugar del mundo, lamentablemente, muchas personas y familias sufren hambre y malnutrición. En otro tiempo nuestros abuelos cuidaban mucho que no se tirara nada de comida sobrante. El consumismo nos ha inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va más allá de los meros parámetros económicos. ¡Pero recordemos bien que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre! Invito a todos a reflexionar sobre el problema de la pérdida y del desperdicio del alimento a fin de identificar vías y modos que, afrontando seriamente tal problemática, sean vehículo de solidaridad y de compartición con los más necesitados.

Así que desearía que todos asumiéramos el grave compromiso de respetar y custodiar la creación, de estar atentos a cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro.”

 

Actuar

¿Qué podemos hacer tú y yo: nosotros?

Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar, con un poco de voluntad y algo de planificación, a que la comida nunca termine en la basura. Aquí tienes algunas ideas, que podrás ampliar en los enlaces que encontrarás al final de este artículo.

  • No compres más de lo que necesites. Elabora la lista de la compra en función de tus necesidades. Organiza tus compras y planifica lo que vas a cocinar según lo que calculas que vas consumir. Si tienes miedo de que pueda surgir algún comensal inesperado, es preferible tener previsto algunos alimentos “comodín” que puedas descongelar o recetas que puedas preparar con rapidez (como el arroz, o la pasta). Si optas por comprar de más, por si acaso, tenlo previsto y reorganiza tu menú, congelando si es preciso.
  • El orden previene el despilfarro. Organiza tu despensa y tu nevera de forma que te permita tener los alimentos agrupados y ordenados según la fecha de caducidad. Coloca los alimentos nuevos en el fondo y aprovecha para revisar la caducidad de lo que colocas delante.
  • Ojo con la fruta y la verdura. Son los más perecederos y los que más debes vigilar. Acostúmbrate a revisarlos todos los días y, si ves que no te dará tiempo a consumirlos, prepara compotas o mermeladas con la fruta o lava y trocea las verduras para congelarlas y consumirlas en otro momento.
  • Sírvete raciones más pequeñas, es preferible que sobre en el caldero que en tu plato y siempre podrás repetir si te ha resultado poco.
  • Guarda las sobras. Conservadas en la nevera, pueden servir para acompañar otra comida o ser la base para realizar nuevos platos, por ejemplo: con restos de pollo, puedes preparar unas croquetas o enriquecer una ensalada. Si crees que no vas a poder aprovecharla, siempre puedes congelarla.
  • Si comes en un restaurante, pide con mesura. Si no conoces el volumen de los platos, pide orientación al camarero. Si quedan sobras en la mesa, no te cortes y pide que te lo envasen. Si ves que te has pasado pidiendo, pregunta si es posible anular algún plato o que no te lo sirvan y te lo preparen para llevar.

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