Eco Diario de la Palabra
 

LA SOBREPRODUCCIÓN DE ALIMENTOS, UN GRAVE RIESGO PARA LA HUMANIDAD…

En el mes de enero tuvimos la oportunidad de reflexionar, al hilo del artículo de Laura Rodríguez, sobre como en España a lo largo de un año, terminan 1.245,9 millones de kilos de alimentos en la basura.

Hoy me gustaría hablar acerca de la sobreproducción de alimentos en el mundo desarrollado, que supone un grave riesgo para el planeta y la humanidad.

 

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Para ello, vamos a comenzar viendo la realidad que nos rodea. Ya no nos llama la atención ir al supermercado y ver las estanterías llenas de productos perecederos o ver los productos como sacados directamente de un bodegón de los que nos ponían como modelo en las clases de plástica para que reprodujéramos. Las formas de cultivo han ido evolucionando, el cultivo hidropónico, es decir, cultivo sin necesidad de tierra, sino agua y sustratos minerales, cada vez es más frecuente y junto a nuevas técnicas para el cultivo y explotación de la tierra, nos ha permitido ver cultivos en lugares donde antes no crecían ni las malas hierbas y aprovechar al máximo los espacios para que en lugar de un único cultivo, tengamos dos o tres diferentes. Ya no hay una determinada época del año para recolectar algunas frutas y hortalizas. La incorporación de nuevos abonos químicos y pesticidas, han dejado de lado técnicas muy antiguas como el barbecho. Ya no se ven tierras descansando para recuperar sus nutrientes, como máximo se alternan cultivos cuyas demandas son diferentes. Y los pesticidas ayudan a tener cosechas más abundantes y más perfectas.

 

JUZGAR

Pero, ¿Todo esto es signo de progreso?. Lo lógico sería pensar que estos avances tecnológicos, nos van a permitir tener más alimentos y que cada vez menos gente pase hambre. Según la FAO, frente a las 2360 kilocalorías por persona y día que había disponibles en la década de 1960, para el 2050 el suministro aumentará hasta las 3050 kilocalorías. No hace falta irse tan lejos. Ya hoy en día, existe exceso de producción de alimentos, pero los recursos están mal distribuidos. En el mundo, hay 800 millones de personas que pasan hambre y desarrollan enfermedades, como el marasmo o el kwashiorkor, por la falta de nutrientes en la dieta, y en cambio otros tiran hasta el 40% de los alimentos envasados. Como dice Yolanda Kakabadse, presidenta internacional del fondo mundial para la naturaleza (WWF), “la fecha de caducidad de un alimento es lo más irracional del mundo. Nos hemos olvidado de tocar, de oler, de probar las cosas; vemos el letrerito y a la basura si pasó la fecha, pero sólo debería aplicarse en carne, pescados o cosas tóxicas”. Mientras tanto, lo que ocurre es que lo que no comen algunos, es consumido por otros. En la actualidad cerca de 1600 millones de personas tiene sobrepeso y 400 millones son obesas, y el futuro que la organización mundial de la salud proyecta es más alarmante.

También sería lógico pensar que los avances tecnológicos nos van a proporcionar alimentos de más calidad y con mejores nutrientes que nos permitirán estar más fuertes y sanos. Según un artículo de la universidad de Montpellier en el que se compara la composición de algunos alimentos en cuanto a vitaminas y minerales entre el 1985 y 2002, se ha visto que cualitativamente, cada vez contienen menos nutrientes debido a las formas de cultivos y productos que se emplean. De este estudio se desprende que, por  ejemplo,  un plátano tenía en 1985 un 23% más de magnesio, un 75% más de ácido fólico y un 12 % más de calcio que en 2002.

¿Está realmente preparado el planeta para este aumento en la producción de alimentos? El cambio climático, los recursos hídricos limitados y cada vez más escasos y el aumento del uso de los cultivos alimentarios para la producción de biocombustibles, constituyen graves riesgos para la seguridad alimentaria y del planeta a largo plazo. Los expertos nos están avisando y es el momento de ir tomando decisiones al respecto.

 

ACTUAR

¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros?

Por un lado, favorecer y apoyar la compra de productos frescos en comercios locales y mercados. Con esto, no sólo ayudamos al pequeño agricultor sino que no generamos tanto residuo como cuando consumimos productos envasados. Cuidar las cantidades que compramos para que no se pongan en mal estado y tengamos que tirarlo. El simple hecho de tener ordenada nuestra despensa y poner delante los productos con caducidad más temprana también evitará el desperdicio de alimentos.

Reciclar plásticos, vidrio, papel hará que cuidemos el medio ambiente y que la huella que cada uno dejamos, sea lo más pequeña posible.

Debemos tomar conciencia de la situación que vivimos, de lo necesario que es el consumo responsable tanto de alimentos, como de recursos naturales. La herencia que podemos dejar a nuestros hijos es lo suficientemente importante como para empezar a cambiar hábitos. Cualquier acción que nos lleve a paliar los efectos sobre el medio ambiente, hay que tenerla en cuenta y llevarla a cabo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Como alimentar al mundo en 2050. Informe de la FAO.
  2. Agricultura mundial: hacia los años 2015/2030. Informe de la FAO.

¡ESTO ES COMIDA, NO BASURA!

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Cuando queremos celebrar algo: un cumpleaños, la celebración de la Navidad, nuestro fin de carrera, la victoria de nuestro equipo… organizamos una comida. El compartir la mesa siempre ha significado un momento de celebración, alegría y fiesta. ¿Pero qué pasa cuando terminamos de comer? Revisemos por ejemplo, las últimas fiestas de Navidad y Fin de año ¿Compramos cantidades apropiadas al número de comensales? ¿Tuvimos la sensación de haber comido más de lo necesario? ¿Qué hicimos con las sobras y con los restos que quedaron en los platos? ¿Tiramos comida a la basura?

Según el Informe del consumo de alimentación en España en 2016, realizado por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, durante el periodo comprendido entre octubre de 2015 y septiembre de 2016, los hogares españoles tiraron a la basura 1.245,9 millones de kilos de alimentos en condiciones de ser consumidos (unos 24 millones de kilos semanales). De ellos, un total de 1.066 millones (85,6% del total) corresponden a productos sin elaborar desperdiciados tal como se compraron, y 179,8 millones (14,4%) son de recetas cocinadas por el propio hogar y desechadas directamente desde el plato o después de un tiempo guardadas en la nevera.

Es una cantidad muy considerable, aunque constata la concienciación de las familias en la lucha contra el desperdicio alimentario, ya que esta cifra supone una reducción del 6 por ciento con respecto al período anterior: se tiraron a la basura 80,1 millones de kilos menos.

La Comisión Europea estima que cada año se desaprovechan en el mundo, más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir, un tercio de la producción mundial, de los que 89 millones de toneladas de comida en buen estado corresponden a la Unión Europea.

Juzgar

El Papa Francisco, en junio de 2013, con motivo de la Jornada Mundial del Medioambiente, nos invitaba a recordar el relato del milagro de los panes y los peces: “Jesús da de comer a la multitud con cinco panes y dos peces. Y la conclusión del pasaje es importante: «Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos» (Lc 9, 17). Jesús pide a los discípulos que nada se pierda: ¡nada de descartar! Y está este hecho de los doce cestos: ¿por qué doce? ¿Qué significa? Doce es el número de las tribus de Israel; representa simbólicamente a todo el pueblo. Y esto nos dice que cuando el alimento se comparte de modo equitativo, con solidaridad, nadie carece de lo necesario, cada comunidad puede ir al encuentro de las necesidades de los más pobres.

 La «cultura del descarte» tiende a convertirse en mentalidad común, que contagia a todos, (…) nos ha hecho insensibles también al derroche y al desperdicio de alimentos, cosa aún más deplorable cuando en cualquier lugar del mundo, lamentablemente, muchas personas y familias sufren hambre y malnutrición. En otro tiempo nuestros abuelos cuidaban mucho que no se tirara nada de comida sobrante. El consumismo nos ha inducido a acostumbrarnos a lo superfluo y al desperdicio cotidiano de alimento, al cual a veces ya no somos capaces de dar el justo valor, que va más allá de los meros parámetros económicos. ¡Pero recordemos bien que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre! Invito a todos a reflexionar sobre el problema de la pérdida y del desperdicio del alimento a fin de identificar vías y modos que, afrontando seriamente tal problemática, sean vehículo de solidaridad y de compartición con los más necesitados.

Así que desearía que todos asumiéramos el grave compromiso de respetar y custodiar la creación, de estar atentos a cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro.”

 

Actuar

¿Qué podemos hacer tú y yo: nosotros?

Aunque te parezca que pueda ser poca cosa, hay muchos gestos “pequeños” y concretos que nos pueden ayudar, con un poco de voluntad y algo de planificación, a que la comida nunca termine en la basura. Aquí tienes algunas ideas, que podrás ampliar en los enlaces que encontrarás al final de este artículo.

  • No compres más de lo que necesites. Elabora la lista de la compra en función de tus necesidades. Organiza tus compras y planifica lo que vas a cocinar según lo que calculas que vas consumir. Si tienes miedo de que pueda surgir algún comensal inesperado, es preferible tener previsto algunos alimentos “comodín” que puedas descongelar o recetas que puedas preparar con rapidez (como el arroz, o la pasta). Si optas por comprar de más, por si acaso, tenlo previsto y reorganiza tu menú, congelando si es preciso.
  • El orden previene el despilfarro. Organiza tu despensa y tu nevera de forma que te permita tener los alimentos agrupados y ordenados según la fecha de caducidad. Coloca los alimentos nuevos en el fondo y aprovecha para revisar la caducidad de lo que colocas delante.
  • Ojo con la fruta y la verdura. Son los más perecederos y los que más debes vigilar. Acostúmbrate a revisarlos todos los días y, si ves que no te dará tiempo a consumirlos, prepara compotas o mermeladas con la fruta o lava y trocea las verduras para congelarlas y consumirlas en otro momento.
  • Sírvete raciones más pequeñas, es preferible que sobre en el caldero que en tu plato y siempre podrás repetir si te ha resultado poco.
  • Guarda las sobras. Conservadas en la nevera, pueden servir para acompañar otra comida o ser la base para realizar nuevos platos, por ejemplo: con restos de pollo, puedes preparar unas croquetas o enriquecer una ensalada. Si crees que no vas a poder aprovecharla, siempre puedes congelarla.
  • Si comes en un restaurante, pide con mesura. Si no conoces el volumen de los platos, pide orientación al camarero. Si quedan sobras en la mesa, no te cortes y pide que te lo envasen. Si ves que te has pasado pidiendo, pregunta si es posible anular algún plato o que no te lo sirvan y te lo preparen para llevar.

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