Eco Diario de la Palabra
 

LAS OCHO MONTAÑAS

La sociedad de hoy en día está construida desde lo superficial y el grueso de la literatura responde a esta apetencia de la mayoría, que son los que compran los libros. El mundo editorial es una gran hidra que se alimenta de un mercado caprichoso e inmaduro y, son las menos, aquellas editoriales que apuestan por una literatura que cuestione el mundo. Ignoro si esta ópera prima de Paolo Cognetti llega a tanto, solo sé que me ha gustado mucho. 

El lector suele estar ávido de esos libros que se leen de un tirón, como suele decirse, que están llenos de sorpresas, como montañas rusas que suben y bajan, buscando el vértigo en sus páginas y alguna novedad en cada uno de sus capítulos. Sin embargo, Las ocho montañas fluye sereno como un río que desciende de las cimas entre las rocas. Avanza sereno, sin sobresaltos, con la naturalidad de la vida, sin prisas, pero sin pausas. 

Paolo Cognetti construye una historia que se basa en la relación entre dos amigos, desde niños hasta la madurez, pero ligada a las montañas, entre Turín y Milán. El lector asciende con los protagonistas a un mundo donde aprendemos a prescindir de lo superfluo, pero no exento de problemas y contradicciones. En una sociedad que siempre se empeña en lo superficial y lo gregario, Pietro y Bruno buscan elevarse, geográficamente y físicamente, trascender a su manera, lo que a la larga los llevará a vivir más hacia adentro, saboreando una interioridad que tanto echamos de menos en el mundo de hoy. 

Las ocho montañas está narrada con la pericia de un peregrino que conoce las sendas y describe el entorno natural en el que se desarrolla con la precisión de un bisturí. Su lenguaje es rico, exacto, evocador y poético. Se trata de una historia que atrae, que entretiene en su andar, pero no de una manera cualquiera, sino haciéndonos interesar por la naturaleza y obligándonos a reflexionar sobre el sinsentido que a veces nos hemos impuesto.  

Creo que el autor, experto conocedor de esas montañas, sin lugar a dudas, comprende que la felicidad está en la sencillez del ascenso, pero siempre recordando que, para subir, siempre hay que bajar. 

A DIOS POR LA PALABRA (II) · DICKINSON

 

Certidumbre 
 
Yo jamás he visto un yermo 

y el mar nunca llegué a ver 

pero he visto los ojos de los brezos 

y sé lo que las olas deben ser. 

 

Con Dios jamás he hablado 

ni lo visité en el Cielo, 

pero segura estoy de a dónde viajo 

cual si me hubieran dado el derrotero. 

 

(Emily Dickinson, Certidumbre, versión de C. López Narváez). 

 

 

Conocemos a Dios aunque no lo sepamos: alivio. 

No saberlo es conocer menos a Dios: desgracia. 

Pienso, con Emily Dickinson, que caminamos a menudo en la certidumbre de la fe, aunque no nos demos cuenta de ello o no le pongamos ese nombre a la experiencia…; pero no darnos cuenta o no nombrar la fe nos empobrece. El resultado es una mezcla de anonimato y confesión; de alivio y de desgracia. 

Al menos sigue habiendo gente a nuestro lado que está segura del viaje que emprende… Certeza. Esperanza. ¡No es poco! Quién las tuviera siempre… 

Pero qué lástima viajar tan solamente, sin poder charlar con Aquel hacia quien vamos… Silencio. Soledad. ¡Cuánta estrechez! Quien pudiera acompañarse, ensanchar el camino de palabras… 

Y hablar con Cristo. Y visitar el Cielo. 

Se aprecia más el baile de las olas si se escuchan también los rumores del fondo… 

Mejor es la voz de Dios que solo su horizonte. 

COCO

“Todos somos parte de aquellos que nos precedieron” 

 

Título original: Coco 

Año: 2017 

Duración: 109 min 

País: Estados Unidos  

Dirección: Lee Unkrich,  Adrián Molina 

Guion: Adrián Molina, Matthew Aldrich (Historia original: Lee Unkrich, Jason Katz, Matthew Aldrich, Adrián Molina) 

Música: Michael Giacchino 

Fotografía: Animation, Matt Aspbury, Danielle Feinberg 

Reparto: Animación 

Estreno en España: 1de diciembre 2017      

Etiquetas: Animación, Fantástico, Comedia  

Etiquetas pastorales: Confianza en sí mismo, honestidad, justicia, honestidad, familia, verdad, superación personal, sueños, muerte, arte (música). 

1.- Sinopsis 

 

Cuenta la historia de Miguel, un adolescente que sueña con convertirse en leyenda de la música como su ídolo Ernesto de la Cruz. En su familia, durante muchas generaciones está prohibida la música. Su talento y su pasión le llevarán a adentrarse en la “Tierra de los muertos” donde conocerá a un sinfín de personajes, entre ellos al encantador Héctor, con el cual emprenderá un viaje maravilloso que le ayudará a desvelar la verdad sobre lo que le ocurrió a sus antepasados. 

 

2.- ¿Por qué ver COCO? 

“Toda mi vida siempre hubo algo dentro de mí. Algo que me hacía diferente”. En cada persona hay algo que la distingue de los demás y que la hace especial. Seguramente has visto muchas películas de animación,  Coco tiene algo que llama la atención, es diferente, una “joya” dentro del mundo de Disney-Pixar.  

Celebra la existencia y está llena de pequeños de talles que ayudan a entender mejor la cultura y tradiciones mejicanas, especialmente el Día de los muertos. Es una fábula llena de color, vida. Es visualmente llamativa y espectacular. Te emocionará. 

Es interesante como recupera el sentido de lo mitológico: los perros xoloescluincles que tradicionalmente guía a las almas al Mictlán (el inframundo); los lebrijes, mascotas fallecidas que acompañan a los muertos; o como homenajea a diferentes iconos mejicanos (Pedro Infante, Jorge Negrete, Cantinflas, Frida Kahlo). Es un canto a la riqueza de la cultura de un pueblo. 

¿Qué más podemos aprender? 

  • Hay una filosofía del respeto a la persona, a los muertos, a la cultura y a las tradiciones que son lo que nos hacen mejor personas y nos conforman como seres de una sociedad con una historia común.   
  • El valor de recordar con cariño a los familiares fallecidos en cada momento de nuestra vida, no solo el 1 de noviembre. Esto es esencial en la película: si un difunto es olvidado por los vivos, sufrirá una segunda muerte, la del olvido. 
  • La muerte no es el final. Nos habla de la esperanza del reencuentro. “El amor nunca muere”, y aunque una persona ya no esté físicamente, sí lo estará siempre su recuerdo (su espíritu). Somos lo que somos por los que nos precedieron. 
  • La importancia de la familia, aunque a veces no lo parezca, ellos se comportan como lo hacen porque quieren lo mejor para cada uno.   
  • “No todo lo que brilla es oro”, la perfección no existe, ni una vida perfecta ni una persona perfecta. 
  • Ser fieles a sí mismos y honestos con nuestros padres sobre lo que deseamos ser, sobre nuestros sueños. Y esto conlleva la confianza en uno mismo, el esfuerzo y la perseverancia 
  • Escuchar y comprender la postura de los demás. Buscar el equilibrio entre mis aspiraciones y las expectativas familiares. 
  • Todos tenemos un don, algo que nos hace únicos y especiales. Descubrirlo es realmente lo que nos hace triunfar y seguir el camino correcto. 
  • Ser honestoen el querer y en el obrar, no buscar agradar a nadie ni quedar bien con nadie. 
  • Algunas personas cambian nuestro destino para siempre.  
  • Es necesario el sufrimiento para crecer personalmente. En el camino habrá que superar obstáculos y reponerse de frustraciones y caídas.  
  • Vivir desde la verdad que ilumina toda nuestra vida y perdona aquello que haya que perdonar. La verdad transforma todo. 
  • Las normas están para cumplirlas, pero en muchas ocasiones de la vida hay que valorar los impulsos del corazón o de la intuición frente a la razón.  
  • Cuando la vida me golpea, toco mi guitarra” (E. de la Cruz), la música como expresión y canalización de nuestras emociones. 

Coco nos invita a Recordar: “Recuérdame hoy me tengo que ir mi amor. Recuérdame, no llores por favor. Te llevo en mi corazón y cerca me tendrás. A solas yo te cantaré soñando en regresar. Recuérdame”. Una película llena de ternura y amor. ¡No dejes de verla! Te emocionará.  

3.- Para la reflexión:

  1. Una palabra que te brote espontáneamente al acabar de ver la película…
  2. ¿Qué aprende Miguel en Coco? ¿Cómo le ayudan las experiencias que vive en el lado de los muertos a crecer?
  3. ¿Qué te enseña la película sobre la familia? ¿Y sobre tus antepasados?
  4. Comenta estas frases:
    1. “Vive tu momento”.
    2. “Nunca subestimes el poder de la música”.
    3. “El resto del mundo obedece reglas, pero yo obedezco a mi corazón”.
    4. “Nunca olvides lo mucho que tu familia te ama”.
    5. “Nadie iba a regalarme mi futuro. Me correspondía a mí esforzarme por mi sueño, agarrarlo con fuerza… y convertirlo en realidad”
    6. “Toda mi vida siempre hubo algo dentro de mí. Algo que me hacía diferente”.

4.- Trailer:

 

ARTE COMO HERRAMIENTA

Vivimos en una época donde la prisa, lo práctico y aquello que dé resultados (cuantitativos mejor que cualitativos) conforman, en resumidas cuentas, los carriles por donde se mueve la sociedad. Verbos como comprar, sumar, chatear, viajar, aprender, evolucionar, aprovechar, superar, hablar e incluso pensar, están constantemente conjugándose a lo largo de nuestros días. Nos definen como una sociedad activa y en constante movimiento hacia, resumamos, un futuro mejor. Pero ¿dónde están los momentos en los que usar verbos como sentir, empatizar, percibir o experimentar? Aunque la pregunta deba ser otra, ¿dónde, cómo o quién nos enseña a sentir, empatizar, percibir o experimentar?  

Gracias a las matemáticas podemos ir a la comprar; gracias a la lengua, nos comunicamos en el trabajo o con los amigos; gracias a la tecnología tenemos comodidades y facilidades. ¿Y gracias al arte? ¿Qué conseguimos? Desde mi experiencia,  conseguimos aprender a mirar aquello que nos rodea con mirada crítica, conseguimos percibir sensaciones abstractas que nos hacen darnos cuenta de lo esencial pero invisible a los ojos, conseguimos parar y dedicarnos unos segundos entre la vorágine y el ruido. Con el arte generamos un diálogo, o bien entre la obra y el público, o entre el artista y la obra, o entre el creador y el admirador, o incluso un monólogo interior. Y es en ese diálogo cuando se intercambian ideas, sensaciones o sentimientos. Y es en ese monólogo cuando se remueve nuestro interior. Es aquí donde cabe resaltar que el arte es una vía de comunicación profunda que facilita transmitir todo lo que no se puede decir con palabras. Por lo tanto, si somos capaces de dialogar o empatizar con lo que hay en un cuadro, en una canción o en una escultura, seremos también capaces de empatizar y de dialogar con aquel ser humano que tengamos en frente. De la misma manera, aprenderíamos a escudriñar en nuestro interior para cambiar aquellas pinceladas que no resaltan tanto nuestra belleza.  

Mis palabras necesitan unos pilares donde apoyarse para dotarlas de cierta credibilidad. Traigo dos citas para ello. La primera es de George Bernard Shaw (dramaturgo irlandés, 1856 – 1950): “los espejos se emplean para mirarse la cara, el arte para mirarse el alma”. Y la segunda, de una encantadora Gloria Fuertes (poeta española, 1917 – 1998): “un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre ellas”. Hay frases y ejemplos a lo largo de la historia que sustentan que el arte es simiente de una sociedad sensible y no sentimentalista. Quizá sea una manera con la que empezar  a cambiarnos a nosotros mismos y ya después, cambiar el mundo.  

A DIOS POR LA PALABRA (I) · ANTONIO MACHADO

Poned sobre los campos 

un carbonero, un sabio y un poeta. 

Veréis cómo el poeta admira y calla, 

el sabio mira y piensa… 

Seguramente el carbonero busca 

las moras o las setas. 

Llevadlos al teatro 

y solo el carbonero no bosteza. 

Quien prefiere lo vivo a lo pintado 

es el hombre que piensa, canta o sueña. 

El carbonero tiene 

llena de fantasías la cabeza. 

 

(Antonio Machado, Proverbios y cantares XXVI) 

 

 

Que venga Dios aquí por la palabra. Que vayamos a Él por la palabra. 

Eso quisiera ofrecer humildemente en medio de este mundo subyugado por la tiranía de la imagen. 

Para este viaje no sirve mi palabra, que apenas tiene recorrido y poso, pero sí la voz de los que han arañado el cielo con sus ecos, pues les ha sido dado el don de contemplar y transparentar la Belleza. La Belleza y la Verdad y la Bondad… ¡La Vida! ¡Dios! 

La Vida, sí. La Vida y Dios. Porque no nos interesa la capacidad que otros han tenido para admirarse o para decir las cosas hermosamente, sino que nos atrae Aquel a quien todos podemos admirar en nuestra propia vida, y la vida misma con sus cosas. 

Si el poeta y el sabio no llevan también dentro un carbonero, huera poesía, sabiduría vana. 

Saquemos del baúl de la poesía lo antiguo y lo nuevo. Convoquemos sus voces al camino. Quizá sin mucho tino, quizá con menos orden que concierto, rescatemos legajos de viejos poetas, cuartillas de poetas frescos… Vayamos hacia Dios por la palabra. Llena de fantasías la cabeza… ¡Y el capacho de moras! Y las manos tiznadas de carbón para encender el fuego. 

ARTE Y SOCIEDAD

Hace poco tuve la suerte de descubrir a alguien que me dijo la siguiente frase: “cuando hago música siento algo tan fuera de mí que es como si otra persona estuviera comunicándose a través de mi cuerpo, de mi respiración y, sobre todo, de mi inspiración” 

Puede que suene demasiado transcendental, puede que hasta cursi, pero me sentí tan identificada con esa sensación de libertad física y mental al realizar una actividad artística que me pareció clave para explicar lo que produce la música, lo que produce el arte, en mi opinión, en el ser humano. 

La pregunta que me viene a la cabeza en nuestros días es: “en el momento de la historia que vivimos, ¿habrá mucha gente capaz de llegar a sentir esto?” Y con ello no me refiero a que todo el mundo – “viva una experiencia mística con la música y el arte”-, sino, simplemente, reflexionar sobre la falta o la necesidad de esa sensibilidad en el mundo en el que vivimos y del que formamos parte.  

Hablando desde mi experiencia vital me gustaría tratar de explicar cómo ha influido haber tenido la oportunidad de crecer con la música a mi vera, con el pretencioso deseo de haceros creer firmemente en el poder del arte para sensibilizarnos, para aprender a escucharnos y a escuchar al mundo entero que no cesa de necesitarnos vivos, conscientes y empáticos. 

No es algo inmediato, no es algo infalible, y ni mucho menos es el único antídoto para nuestra sociedad, pero acudiendo a la sabia escritora Concepción Arenal, digo: – “abrid escuelas y se cerrarán cárceles”. Si un niño canta, escucha resonar su cuerpo; si un niño interpreta el papel de un loco, aprende a ponerse en la piel de otro; si un niño baila, les dice adiós a sus complejos; y si un niño es capaz de plasmar su imaginación en una hoja de papel, visualiza su mente y su entorno con todo lo que eso conlleva. 

Para mí todo esto nos lleva a un lugar maravilloso… Cultivar tu interior, tus sentidos y percepciones, desarrollar tu personalidad, forjar tu carácter, escuchar nuestra alma, escucharte, escucharnos… Al fin y al cabo, conocerte y saber reconocerte con el paso de los años y de las circunstancias. Y es que, a mi modo de entender, quien sabe escucharse a sí mismo, es capaz de escuchar y percibir las necesidades de nuestro mundo. 

Es algo tan loco como real y actual, y muy muy difícil de expresar con palabras, pero, para los que sigan pensando que el arte no tiene estos súper poderes, os hago una pregunta: -Si realmente esto es tan efímero e intentamos que nuestros pupilos sean sensibles a estas pequeñas cosas, ¿cómo no van a ser sensibles a su gran mundo y  su sociedad?