Eco Diario de la Palabra
 

ORAR – BENDICIÓN


ORACIÓN DE BENDICIÓN

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¿Os habéis sentido mal alguna vez porque os hayan criticado, despreciado, porque hablan mal de vosotros? Eso es MALDECIR, decir-mal. La palabra BENDECIR significa literalmente decir- bien, decir cosas buenas de alguien. Es más que una alabanza formal, postiza, hipócrita (porque se diga con los labios pero no con el corazón…), más que la mera admiración. Tiene que ver con la condición real del otro, porque bendecir es afirmar rotundamente la condición de ser amado, ser amada, su condición buena, de bien hecha. Más todavía, al bendecir a alguien no solo afirmamos algo, sino que creamos aquello que decimos. Por eso, es una bendición ser bendecidos, porque nos recrea.

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Las bendiciones que podemos darnos unos a otros son expresión de la bendición fundamental: como hijos amados de Dios hemos sido todos BENDECIDOS.

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Necesitamos ser bendecidos. Escuchar que somos seres AMADOS. Por Dios creador, amoroso, misericordioso, Roca firme en quien nos podemos apoyar y que no nos abandonará jamás. Nuestro amigo y compañero de camino. Seres amados por otros seres de carne y hueso que nos miran bien y hacen que nosotros mismos nos podamos mirar así de bien, y autobendecirnos.

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La historia sagrada es una cadena de bendiciones: Noé, Abrahám, Isaac, Jacob, el pueblo de Israel, María de Nazaret… fue visitado y bendecido continuamente…  hasta HOY  llega su Misericordia como dice María en su Magnificat. Porque la mayor bendición es que alguien, Alguien nos diga que hay futuro, a pesar de mi pobreza, limitación y pecado. Y eso es la MISERICORDIA.

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Sabemos que la bendición no es lo que más abunda. Por eso, la oración puede ser ese tiempo en el que reforzamos el sentimiento y la verdad de que somos seres bendecidos. No harán falta muchas palabras, aunque la Palabra nos lo confirmará.  Entrando en el hondón del corazón escuchamos como Jesús: “Tú eres mi hija muy amada”… Por ti y para ti creé todo lo que alcanzas a ver. Por ti, adopté en Jesús tu mismo lenguaje, tu misma carne. Por ti me puse a tus pies, te entregué mi vida y mi sangre. Todo por amor. ¿No te parece que eres suficientemente importante para Mí? ¿No es una prueba de que digo-bien de ti? Dios dice y hace… Eres preciosa, eres valioso para mí y YO te amo (Is 43, 4).

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Podremos escuchar estas palabras en el silencio y en la soledad. Podemos hacerlas resonar en el corazón repitiendo una frase de un salmo (salmo 32, 66, 103, 128…), de un texto bíblico que me “diga” mucho y bien… de esos textos que caldean el corazón y lo descansan. Es bueno orar para creer estas palabras benditas, simplemente permitirnos creer la Buena Noticia, el Evangelio.

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tueresunabendicion

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Y cuando yo me las crea viviré bendiciendo todo y a todos. Mi vida se podrá convertir en una bendición incesante, la vida se hará liturgia

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Y aprovechando el lema del año, HAZ LO QUE HACES, ayuda también para orar y vivir en clave de  bendición, cultivar la atención, para escuchar las pequeñas bendiciones que la vida me traiga y para convertirme yo misma en instrumento de Bendición.

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“No se trata solo de poner en acto la facultad de la atención, sino de acostumbrarse a vivir bendiciendo. Cuando se bendice con tanta frecuencia, se acaba el día maravillado por estar rodeado de tantas cosas útiles y buenas. Las cosas (y las personas) nos corresponden si las bendecimos. Decir bien de algo antes de utilizarlo no es en absoluto lo mismo que no decir nada.” (Pablo D’Ors. El olvido de sí)

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Hace falta coraje para entrar en este dinamismo de bendición, porque nos es más cómodo dejarnos llevar por la maldición o convertirla en ira, en victimismo. Cuando nos sabemos bendecidos, nos convertimos en guerreros pacíficos contra todo tipo de maldición y en todo caso, podemos aguantarla mejor cuando recae sobre nosotros. La crítica y la maldición se expanden y contagian espontáneamente. La bendición también. Va creando como una cadena que multiplica la bendición.

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Para empezar a formar parte de esa cadena puedes servirte de la fórmula que el Señor sugirió a Moisés para bendecir al pueblo (Nm 6, 24-27) y que S. Francisco popularizó, o simplemente con tus palabras bendecir a conciencia las personas con que te relaciones y los objetos que vayas a usar… fijarte en ellos, tratar de escucharlos, agradecer su presencia y el servicio que te prestan…

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El Señor te bendiga y te guarde.
Te muestre su rostro y tenga piedad de ti.
Te dirija su mirada y te dé la paz 
El Señor te bendiga

“BENDECID Y NO MALDIGÁIS… vence el mal a fuerza de bien” (Rom 12, 14-21)

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Consuelo Ferrús, rmi

@consuelormi