EL MIEDO AL CAMBIO. Por Víctor Vallejo

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VALORAR EL SER: EL MEJOR ANTÍDOTO CONTRA EL MIEDO AL CAMBIO

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Los humanos, como cualquier animal, sentimos miedo. El temor cumple una función imprescindible para nuestra supervivencia y bienestar: gracias a él, en nuestro organismo se dispara una alerta que nos prepara para afrontar una posible amenaza. Gracias al miedo, por ejemplo,  puedo huir cuando veo que mi cocina se incendia y gracias al miedo no cojo una curva cerrada a 180 kilómetros por hora. Este es el tipo de miedo que nos hace prudentes. Pero lo mismo que existe un miedo que nos hace precavidos y nos ayuda a vivir, existe un miedo tóxico que nos impide alcanzar nuestras metas y lograr nuestro grado máximo de plenitud. Esta dificultad para avanzar hacia nuestras metas se identifica con el medio al cambio. ¿Por qué nos cuesta tanto el cambio?

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En primer lugar, nos cuesta cambiar porque los humanos desarrollamos hábitos de conducta que nos hacen más fácil llevar el día porque nos evitan estar tomando decisiones constantemente. Por ejemplo, tras levantarnos podemos tomar el hábito de desayunar café con leche y bollos y si alguien nos intenta convencer de que mejor sería tomar fruta, yogurt y muesli, nuestra primera reacción sería aferrarnos a nuestros viejos hábitos. Quizás sea más sano dejar atrás mis viejos hábitos pero éstos han generado una impronta en mi cerebro difícil de borrar. Parece que para conseguir que una nueva conducta decida se convierta de nuevo en un hábito, la debo repetir al menos durante sesenta y seis días. Es una estrategia que usa el poder de los hábitos para liberarnos de los que nos impiden nuestro desarrollo personal.

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En segundo lugar, nos da miedo el cambio porque intuimos que éste va a ir en contra de nuestras motivaciones más vitales y existenciales. Todos buscamos la seguridad material, el afecto, el éxito y el poder o influencia y, de forma paralela, vamos a sentir miedo a lo que amenace a mi vida, sentir miedo a ser rechazados, a fracasar y a perder poder o influencia. Uno puede desear estudiar historia pero por miedo a decepcionar al padre que espera que su hijo continúe con la tradición familiar, ese uno decide estudiar medicina. No sé muy bien por qué en España se tiene tanto miedo al fracaso, pero estoy seguro de que la educación escolar tiene parte de culpa. Y es que ya, desde la escuela, los profesores sacan a un alumno a la pizarra para castigar sus errores, no para valorar sus fracasos como medios de aprendizaje. Es por ello que en España cuesta tanto desarrollar un carácter emprendedor y nos aferramos tanto al trabajo fijo. Nos da miedo perder esta seguridad, si bien ahora, la crisis nos ha hecho espabilar.

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Como coach ayudo a mis clientes a establecer metas de acuerdo con su escala de valores más auténtica y a superar los miedos que van a surgir como reacción a su decisión al cambio. El miedo, en estas situaciones, nos nubla el juicio y nos impide poner los medios que están a nuestro alcance para conseguir acercarnos más y más a nuestras metas. Este tipo de miedo que nos perturba y nos quita claridad sólo se vence enfrentándose a él y descubriendo sus raíces: ¿mi miedo procede de mi deseo de perder seguridad económica o de no contrariar a nadie o de perder influencia o …? Cuando encontramos la raíz de este tipo de miedos y descubrimos que ellos no son amenazas tangibles (como la del incendio de la cocina), sino palos que se cuelan en los radios de la rueda que me conduce a mi plenitud, cuando descubrimos esto, el lobo se transforma en un aliado en mi camino hacia el verdadero éxito.

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Y, es que, para finalizar, este tipo de miedos se conectan con deseos-apegos que nos impiden vivir felices. Cuando mi vida se basa en el apego a la riqueza, al aprecio de los demás y al poder, en definitiva, cuando se basa en valores relacionados con el tener, surgirá en mí el miedo paralizante a perder aquello de lo que creo que depende mi felicidad. La misma Pilar Jericó, en un genial libro titulado “No miedo”, llega a la conclusión de que el miedo surge de la amenaza a perder lo que se tiene. “Por esto, el gran desafío para las personas y los profesionales que quieren ubicarse en la lógica del NoMiedo viene dado por el desarraigo. Cuando el valor que uno tiene de sí mismo radica en aquellas cosas que se poseen, el temor a perder los bienes materiales se convierte en el terror de que la existencia misma pierda sentido. Por el contrario, valorar el ser, antes que el tener, genera autoconfianza y constituye un escudo contra los miedos.”

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¡Qué sabias palabras: el antídoto contra el miedo al cambio es valorar el ser antes que el tener! ¡No tengas miedo, libérate de tus ataduras y, con sensatez, da el primer paso para cambiar tu vida a mejor!

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Víctor Vallejo

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