BIBLIANDO: agobios y urgencias. por Ianire Angulo ESSE

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Agobios y urgencias 

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No sé si esto solo sucede en las ciudades, pero tengo la sensación de que la mayoría de las personas vivimos a un ritmo frenético. Se nos acumulan las tareas y no es difícil descubrirse corriendo para arañar minutos al reloj. Se nos acelera la velocidad al caminar y parece que llegamos tarde a todos los sitios, como si la vida fuera más rápida que nosotros y, por más que corramos, no conseguimos alcanzarla.

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Al preguntarnos si este sería el ritmo vital de Jesús, la respuesta rápida que seguro que nos brotaba era un rotundo “no”. Pero, curiosamente, esta no es la imagen del Maestro que nos ofrece Marcos. Este evangelio no dibuja un retrato “pausado” de Jesús, sino que en los primeros capítulos se nos presenta al Galileo viajando de un lado a otro.

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En apenas un día que permanece en Cafarnaún enseña en una sinagoga (Mc 1,21-22), cura a un endemoniado (Mc 1,23-27) y a la suegra de Pedro (Mc 1,29-30) y, por la tarde, “la ciudad entera” está esperando que Él les sane (Mc 1,32-34). Aún era de madrugada y, después de orar (Mc 1,35), dice a sus discípulos que hay que ir a otro pueblo a hacer lo mismo (Mc 1,36-39). No es una agenda demasiado holgada ¿no os parece? La cercanía del Reino de Dios es el motor para hacerlo presente de formas diversas (Mc 1,15), de ahí sus prisas.

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Pero, no nos equivoquemos, lo de Jesús no es “agobio”, es “urgencia”… que no es exactamente igual. A mí se me ocurre un síntoma para ponernos en alerta y avisarnos de que, aunque nuestra agenda esté tan repleta como la que describe Marcos, no estamos viviendo esa actividad al estilo de Jesús. Cuando diferenciamos “lo importante” de “lo urgente” y acabamos dando prioridad a esto último, no actuamos como el Galileo, porque para Él no hay diferencia entre ambas realidades. Lo que urge es lo importante: la dignidad y el cuidado de las personas cercanas, las acciones y las palabras que muestran el rostro del Padre, los pequeños gestos que nos permiten descubrir y reconocer el amor…

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Cuando nuestras velocidades no nos permitan vivir con urgencia lo verdaderamente importante, tendremos que parar el ritmo, mirar a Jesús y pedirle que sea Él quien marque nuestra agenda “a su estilo”.   

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Ianire Angulo Ordorika, ESSE

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