Compasando
Nuestro Blog
Consentir vocacional
Agenda de eventos
<septiembre>
lmmjvsd
303112345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930123
45678910

6 de Septiembre de 2010
No hay eventos para este día

Novedades
Imágenes para tu uso pastoral
Play claretianas
Hazme tu página de inicio
Enlaces
Buscador
Estás en: Inicio / En casa / Vida Vocación / BUSCANDO PISTAS PARA CONECTAR: EL SILENCIO

BUSCANDO PISTAS PARA CONECTAR: EL SILENCIO . Por Guzmán Pérez, sdb

Un silencio vale más que mil palabras
 
“Se ruega silencio” es una indicación que aparece en multitud de lugares públicos, y que solemos respetar. Hace algún tiempo, una compañía telefónica nos recordaba en sus anuncios que “la vida es móvil”. Y a menudo, cuando entramos a esos lugares que citaba, ponemos nuestro móvil en silencio, pero me pregunto: esa vida nuestra tan móvil, ¿la ponemos alguna vez en silencio?
Estoy convencido de que necesitamos el silencio. En medio del ajetreo y el “ruido” de nuestras vidas, necesitamos espacios de silencio, y sobre todo, actitud de silencio. A los monasterios acuden a menudo personas de todo tipo buscando un silencio que les dé paz interior, un silencio en el que encontrarse con lo mejor de sí mismos. Si eres joven y has llegado hasta esta página, es porque estás buscando algo que merezca la pena para tu vida. Y te aseguro que el silencio te puede ayudar a ello. A lo mejor aún te cuesta “soportar” ese silencio, pero con el tiempo quién sabe si lo llegarás a “valorar”, o incluso a “desear”. En primer lugar, para llegar a lo mejor de ti mismo, encontrando en tu riqueza interior la huella de Dios. Te lo explico con un testimonio.
 
Etty Hillesum, joven holandesa ejecutada en Auschwitz, escribía en su diario un 5 de julio de 1942: “hoy me retiraré a descansar en mi silencio interior, en el espacio interior del silencio (…) Me sentaré durante todo el día en un rincón a disfrutar del gran silencio que hay en mí”.
Ella, en medio de unas circunstancias tremendamente complicadas, era capaz de ahondar en ese silencio, pero no para olvidarse o aislarse del mundo, sino para descubrirse a sí misma en el “pozo” de su persona, para escuchar en ese silencio la voz de Dios que apenas se distingue del silencio. A menudo me acuerdo de estas palabras de Etty y siento la invitación a vivir el silencio de ese modo, a entrar en él sin miedo para descubrir una Presencia que da sentido a lo que vivo, paz y libertad interior. Como el profeta Elías en el monte Horeb, que reconoció la presencia y la llamada del Señor en la suave brisa, y no en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego (1 Re 19, 9-16). Puedes probar tú también…
 
Una experiencia “popular” me sirve para hablarte del silencio como “frecuencia” desde la que sintonizar con Dios, para encontrarte con su misterio. Desde que vivo en Sevilla, he podido asistir —no sin cierta perplejidad— a muchas manifestaciones religiosas populares, entre las que destacan las procesiones de Semana Santa. Sin entrar a valorar otros aspectos más “folclóricos” que las rodean, en ellas he podido contemplar asombrado cómo cientos de personas “apretujadas” en una misma calle, llegan a hacer un absoluto silencio, en apenas unos segundos, cuando ven aparecer el paso del Cristo o de la Virgen. Un silencio que sorprende, emociona, y sobre todo, invita a contemplar el misterio expresado con gran belleza en una imagen. Me asombra cómo, en una sociedad tan ruidosa, aún existan espacios donde hacer silencio de una manera tan extraordinaria. Y que se asuma como algo imprescindible para vivir adecuadamente esa experiencia cofrade: la de contemplar un “misterio” (que es icono del Misterio tan grande de Dios). Si eso lo hace una multitud en la calle, ¿no lo podrás hacer tú en algún momento de soledad, de oración? ¿Buscarás algún espacio de silencio donde mirar al Señor y dejar que te hable?
 
Por último, una comparación “deportiva” me lleva también a valorar el silencio como alimento para el compromiso con los demás. Si alguna vez has visto un partido de tenis, te habrás dado cuenta de que el servicio es un elemento muy importante en este deporte (como lo es en la vida cristiana). Los tenistas saben que se juegan mucho en cada servicio, porque tener un buen servicio es un “seguro” para ganar puntos (que se lo digan a Federer, por ejemplo). Si un jugador —o un cristiano— no tiene un buen servicio, cada partido se le hace cuesta arriba… Y llama la atención que, para el servicio, se necesita absoluto silencio. A diferencia de otros muchos deportes, en los que se jalea a los jugadores, en el tenis el jugador no pone la bola en juego hasta que no hay silencio, condición que el juez de silla se encarga de mantener con el habitual “silence, please” cuando es preciso. Y es que el servicio requiere concentración, silencio, no se puede hacer a la ligera, sin pensarlo, de cualquier manera. Los cristianos nos jugamos mucho en ello, seguimos a alguien que vino «a servir, y no a ser servido» (Mt 20,8). Y por eso no tiene sentido un servicio que no se alimente en el silencio, en la oración, en la intimidad con el que llevó a cabo el mejor servicio de la historia.
Ya me toca callarme, hacer silencio. Seguramente he empleado demasiadas palabras para hablarte del silencio. Ahora te toca a ti. La película de tu vida está preparada. Alguien te ha llamado para que seas el actor principal. ¿Vas a hacer el papel de tu vida o prefieres renunciar a esta “superproducción”? Escucha la voz del mejor Director de la historia, que te dice: “¡Silencio, se rueda!”.
 
 
 

COMENTARIOS

14/02/2010 rosa vidal

estupendo este artículo...que Dios te bendiga!!! esta página...hace mucho bien!!

Escribe aquí tu comentario:

 
Desarrollado por DIPRO