28 marzo: ENTRE “ACASOS” Y “VERDADES”, HOY SUBIMOS A JERUSALÉN . Por Lidia Alcántara, Claretiana (Carcaixent)
Domingo de Ramos, Ciclo C, Lc 22,14 – 23,56
El evangelio de hoy, a pesar de ser largo, es para disfrutarlo, aunque sea porque son pocas las veces que leemos seguida toda la historia. Una historia que no nos es para nada ajena, sino que más bien podemos decir que es nuestra historia. Siguiendo el hilo conductor del texto, ¿acaso no sigue dándosenos Jesús de manera "física" en cada Eucaristía y renovando esa Nueva Alianza con cada uno de nosotros? Otra cosa es que seamos conscientes, pero así ocurre…
- ¿Acaso no nos descubrimos a veces víctimas de nuestros deseos de protagonismo y necesitamos que Jesús nos recuerde que en su reino los primeros son los que sirven a los demás?
- ¿Acaso no permanecemos como dormidos aún sabiendo que se nos pide estar alerta ante situaciones dolorosas que ocurren a nuestro lado?
- ¿Acaso no traicionamos, o nos dejamos llevar por la violencia a pesar de saber que las únicas armas que Jesús nos pide son las de la Verdad, la Justicia y la Paz?
- ¿Acaso no negamos muchas veces a Jesús con nuestras actitudes?
- ¿Acaso no nos quedamos en ocasiones en meras racionalizaciones, como Pilato, en vez de dar el salto de la fe?¿Acaso no nos dejamos a veces llevar por la opinión general, por miedo a que nos señalen con el dedo o nos marginen?
- Pero también… ¿verdad que muchas veces hemos sido Cireneos para otros, ayudándoles a cargar con su cruz? ¿Verdad que, como las mujeres, hemos llorado en algún momento por pura solidaridad con otros?
- ¿Verdad que al menos alguna vez, como el buen ladrón, hemos reconocido con humildad nuestro pecado, junto con la inocencia de otros?
- ¿Verdad que, como el centurión, hay momentos en los que reconocemos la presencia de Dios en alguien, o en nosotros mismos?
- ¿Verdad que… ?
Por eso
es nuestra historia, la de todos los días. La historia de todo un Dios que se solidariza tanto con el ser humano que se hace como él, sin renunciar a ningún sufrimiento, para demostrarnos que en todo nos comprende y nos acompaña. Ojala nosotros, durante estos días santos,
sepamos también cómo acompañarle a Él… porque sólo quien vive con profundidad la pasión y muerte, puede luego disfrutar de la Resurrección.