21 marzo: ¿TIRAMOS LA PIEDRA, O LA DEJAMOS EN EL SUELO? . Por Lidia Alcántara, Claretiana (Carcaixent)
Domingo V de Cuaresma, Ciclo C, Jn 8, 1-11
El que esté sin pecado, que tire la primera piedra… ¿Quién de nosotros puede decir que está sin pecado, es decir, que todo lo que hace lo hace desde el Amor al que nos invita Jesús? Seguro que si repasamos la semana, podemos encontrar muchas ocasiones en las que podríamos haber actuado de otra manera más evangélica. Lo importante es darnos cuenta, y escuchar en nuestro interior las palabras que Jesús nos dirige: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Es ese no-juicio, ese sentirnos comprendidos y acogidos, lo único que puede irnos transformando poco a poco. Además, cuando tomamos conciencia de lo fácil que nos resulta “caer” en esas cosillas que tan poco nos gustan de nosotros mismos, esas que nos hemos propuesto cambiar tantas veces… es cuando somos también capaces de ser comprensivos con los demás, porque es cuando nos damos cuenta que todos estamos hechos de la misma pasta.
No seamos como los escribas y fariseos, que en vez de mirarse a sí mismos para ver de qué manera pueden acercarse más al Dios de la Vida, van buscando los defectos de los demás y poniéndolos en el centro.
Sigamos el ejemplo de Jesús: retirémonos cada día a nuestro particular monte de los Olivos, a ese pequeño santuario interior donde mora el Dios de la Vida que continuamente nos espera; vivamos en presencia de ese Dios que nos enseña a no juzgar a los demás. Aprendamos de Jesús a poner en el centro sólo para enaltecer, para sanar, nunca para humillar. Esto no es fácil, ya lo sé, pero tampoco es imposible. Estamos llegando casi al final de la Cuaresma. Pidamos cada día la Gracia de la conversión, del encuentro sanante con Él… y volveremos a dejar todas nuestras piedras en el suelo.