14 marzo: TU MISERICORDIA, SEÑOR, ES INCANSABLE Y NUEVA CADA DÍA . Por Lidia Alcántara, Claretiana (Carcaixent)
Domingo IV de Cuaresma, Ciclo C, Lc 15, 1-3.11-32
Seguimos con el evangelio de Lucas que, como sabéis, va dirigido a la segunda generación de cristianos, los cuales ya se encontraron mucho hecho. En cierta forma, como nosotros, que tras siglos de historia y de tradición podemos pensar que todo está descubierto. Y esto es peligroso, porque nos puede meter en una especie de rutina en la que ya nada parece nuevo, como la parábola de hoy, la del “hijo pródigo” o del “Padre misericordioso”, como a algunos nos gusta llamarla. ¿Cuántas veces la habremos escuchado, leído, meditado, puesto como ejemplo para explicar algo…? ¿Acaso por eso ya no tiene nada nuevo que decirnos?
Seguramente muchas veces te habrás identificado con el hijo menor, que sabe cómo exigir sus derechos y librarse de ciertas obligaciones, que malgasta su vida en cosas insignificantes que más que llenarla de sentido la vacían de él…
También te habrás sentido en ocasiones como el hijo mayor, pensando que ciertos méritos te dan derecho a ciertas cosas, no entendiendo o incluso sintiendo envidia por el hecho de que otros, sin esos “méritos”, las tengan también.
Igual hasta has descubierto que Dios es ese Padre misericordioso que siempre te espera, te perdona, te recibe con amor gratuito… Y quizá por todo esto, puedas caer en la tentación de pensar que “ya te sabes” este evangelio. ¡Por favor, no dejes que ocurra eso! Acércate hoy a la Palabra como si fuera la primera vez que la oyes, y siente la Novedad que trae a tu vida. Acércate a ella como se acercaron a Jesús los recaudadores de impuestos y los pecadores que se mencionan al comienzo del evangelio, con la esperanzada certeza de saber que iban a oír palabras de Vida.
Quizá sólo así puedas experimentar hoy, más con el corazón que con la mente, que el Padre Bueno de la parábola te espera cada día, con paciencia infinita, para ofrecerte esa Gracia y ese Amor que sí pueden llenar tu vida de sentido. ¿Lo harás esperar mucho?