7 marzo: CON TU PACIENCIA, SEÑOR, NUESTRA HIGUERA DARÁ FRUTO . Por Lidia Alcántara (Carcaixent)
Domingo III de Cuaresma, Ciclo C, Lc 13, 1-9
El evangelio de esta semana comienza contando que “algunos” se acercan a Jesús para hablarle de “otros”. ¡Se ve que lo de “cotillear” de los demás es algo que viene de antiguo! Y es que parece que siempre es más fácil hablar de lo que hacen otros, juzgándolo incluso, que de lo que hacemos, sentimos y vivimos nosotros mismos. Si no, párate a pensar en las conversaciones que has tenido hoy: ¿abundan más las que se referían a “otros”, o las que iban sobre ti y tu manera de vivir los acontecimientos?
El caso es que Jesús, antes de contar la parábola de la higuera estéril, desvía por dos veces el punto de mira de la conversación, haciendo pasar de la tercera persona a la segunda, del “ellos” al “vosotros”. Y su mensaje está claro: ¡¡¡No te fijes tanto en los demás, mira mejor a tu interior y conviértete!!! Y luego les cuenta la parábola, cuya intención es hacernos caer en cuenta que también nosotros somos esa higuera estéril que tantas veces no da fruto porque preferimos dejarnos llevar por la comodidad, el egoísmo, los juicios y prejuicios, las envidias… una higuera que probablemente merecería ser cortada porque no sirve para nada. Pero la infinita paciencia de Dios, el viñador, nos sigue dando una y otra oportunidad cada día, porque no pierde la esperanza, porque sigue creyendo en Su obra creadora, es decir, en ti y en mí.
Y es que Dios nos ha dotado a cada uno con la capacidad de hacer el bien, de cultivar la justicia y de mantener unas relaciones sanas con los demás y con Dios mismo. En nuestras manos está decidir si queremos ser higuera estéril, o bien vivir una vida fecunda, que dé frutos de justicia y de amor a nuestro alrededor. La invitación está servida. Quizá esta semana sea buen momento para pararte a pensar qué actitudes te convierten en higuera estéril, para luego hacerte el firme propósito de renovarte, de convertirte.